Paco Oria Montalt

Casa Rocafull en el Cabanyal

Se trata de resucitar una vivienda entre medianeras con más de 100 años de antigüedad y en estado de abandono.

La casa se sitúa en el barrio del Cabanyal de Valencia. Éste es un barrio histórico de pescadores, que, desde la orilla del mar se extiende tierra adentro en forma de retícula ordenada. Nuestra parcela es la unidad mínima en dicho orden, con una forma claramente rectangular, estrecha y profunda. Y la casa se pega a la acera de la calle, dejando un patio importante/espléndido en su trasero.

Este esquema de ocupación es compartido por el resto de unidades que forman el barrio, si bien cada unidad es única y distinta, dando un resultado heterogéneo dentro de una trama reticular estricta. Y este es uno de los grandes atractivos del barrio.

La casa es única. Conserva sus muros de tapial y sus vigas y viguetas de madera en buen estado. Esto nos hace pensar en su valor. El valor de lo ejecutado de esa manera artesana en que se construía por entonces. El valor de la calidad de los materiales tan bien seleccionados y manufacturados.

De modo que la acción principal es consolidar la envolvente, y la estructura horizontal y las cubiertas. Desnudar, desmontar, reforzar son las acciones básicas. Y en ese proceso se vacía el continente y se reduce todo a un esqueleto con el interior diáfano.

La casa es para una pareja joven con dos gemelos. Ya son vecinos del barrio, y eso les da ventaja porque saben de la necesidad de mantener aspectos intrínsecos del propio edificio existente. Saben que necesitamos resolver las humedades propias de un barrio pesquero, que necesitamos potenciar las ventilaciones cruzadas, que necesitamos el sol de invierno y que huiremos del sol de poniente. Saben que la volumetría existente ha de mantenerse por imperativo legal y que es una oportunidad para conseguir distintos espacios para distintos usos en las distintas estaciones del año.

En realidad la distribución previa de la casa se acercaba mucho a la idea de programa que traían en mente los clientes, de modo que servía de maqueta a escala real, muy útil como punto de partida para la fase de proyecto. También la escalera y la fenestración se pueden mantener. Y al final todos estos elementos nos van dirigiendo. Y aprovecharlos nos ayudará a reducir costes al eliminar acciones innecesarias en cambios más drásticos sobre la envolvente.

Entonces, el proyecto se concentra en dar diafanidad en planta baja, mientras que se retuerce en planta primera para incluir todo el programa solicitado.

En planta baja se busca conectar dos fachadas opuestas, desde la calle al patio interior, desplazando todo el programa compartimentador a lado de la escalera lineal existente. De este modo se construye un único espacio interior que conecta los espacios exteriores, generando un recorrido visual lógico desde el acceso hasta el patio.

Al desnudar la cubierta inclinada de su antiguo cañizo, en planta primera se aprovecha la gran altura libre existente para distribuir los espacios en horizontal y en vertical. Se crea un altillo para aumentar la superficie del dormitorio de los gemelos y la de almacenaje del dormitorio principal. Junto a este, como puesto vigía, se reconstruye una terraza que domina nuestro patio y el vacío que forma la unión de nuestro patio con todos los demás de la manzana.

En el patio trasero, en una de sus esquinas, se ha reparado un taller existente, dejando al espacio libre restante que se conecte con el interior, entrando con ayuda de la potente luz de poniente.
Y luego vienen los materiales. La comunión entre clientes y arquitecto permite elegir la imperfección y aparente fragilidad del barro y la madera. En un momento en que se cuestiona al material imperfecto, al que precisa concentración en su fabricación y colocación en obra, al que va a pedir conservación a largo plazo; se decide seleccionarlo como respuesta humilde pero sincera con el lugar, con la propia casa.

La arcilla para la estructura de termoarcilla, como en el tablero y las tejas curvas de la cubierta inclinada. Y para los pavimentos, que se extienden al exterior impasibles a las fronteras. La madera, ya existente en vigas y viguetas recuperadas, para las carpinterías, los muebles interiores y los muebles exteriores y mallorquinas. Y para los peldaños de la escalera y la formación de altillos.

Junto a estos dos materiales, arcilla y madera, se utilizan soluciones más contemporáneas y comprometidas con el control térmico y energético de la casa. Las cubiertas se ejecutan en seco, mediante aislamiento térmico por el exterior del tablero que se ha podido recuperar. Mientras que las partes reconstruidas se han resuelto con paneles tipo sándwich con alma de aislamiento rígido. En ambos casos se ha formado una solución con ventilación bajo las tejas árabe, para la mejora de dicho control higrotérmico del interior.

Mientras que la fachada principal se restaura solo en su piel exterior, la fachada trasera se forma con un sistema de aislamiento por el exterior tipo Sate.

Con todo esto, la intervención es capaz de concentrar las fuerzas en la manipulación de la casa y de lo existente, aliándose a su memoria y a su manera de ser, a sus texturas y su relación con la luz mediterránea que la acecha.

Y esta manipulación trata de transformar la casa en una versión mejorada de sí misma, llevada más lejos de lo previsto, para que perdure otro largo tiempo, esperando que el resto del barrio también lo haga con esos mismos valores que lo definen.